"Antes de la creación del mundo, las palabras ya existían. El mundo era la fuente de la vida, y esta vida trajo luz a la humanidad. La luz brilla en las tinieblas, la oscuridad nunca podrá opacar su brillo."
Era la media noche, y al abrir mis ojos entendí que todo realmente había sido una pesadilla, una muy absurda y realista pesadilla. Aún lograba saborear la sangre que en mi sueño corría por mi rostro, pero afortunadamente seguía siendo el simple plebeyo de este reino al cual pertenezco. Los guerreros leales al rey Nuorad descansaban y yo, como todas las noches, practicaba con mi espada esperando algún día portar una armadura y salir a defender el majestuoso castillo que anhelaba proteger.
Al alzar mi mirada al cielo noté que era una noche sin luna, pero a su vez había un silencio inquietante. Era extraño no sentir el sonido del bosque, las bestias se encontraban en un profundo silencio. En ese instante en el que decidí salir a observar que ocurría divisé un escuadrón de guerreros que se acercaba a toda prisa por la pradera frente al castillo, los guardias habían sido asesinados, todos los puestos de vigilancia habían sido tomados. Al intentar acercarme a la campana para dar la alerta, un guerrero enemigo se abalanzó contra mi para quitarme la vida pero solo pude reaccionar atravesando su corazón con mi espada. Al ver sus ojos desorbitados por el dolor sentí una extraña sensación, no era ni remordimiento ni pánico, creo que era excitación, pero de todas formas poder alzar mi espada en contra de un enemigo me llenaba de satisfacción.
De camino a dar la alerta veía como los enemigos se acercaban; cuando al fin logré llegar, una flecha atravesó mi pierna pero aún así no me detuve. Al sonar la campana los nobles caballeros se preparaban para la batalla y al levantar la puerta principal del muro, los escuderos enemigos fueron arrollados por la furia de los defensores del rey Nuorad. Cuando al fin todos fueron advertidos de la incursión enemiga decidí luchar junto a los feroces guerreros que tanto admiraba, pero al acercarme al campo de batalla solo logre ver a un puñado de cobardes que sólo luchaban por sus vidas, sólo eran simples asesinos a sueldo que combatían por un rey al cual ni siquiera respetaban. Al ver esto, Egon decidió acercarse al frente de batalla y al llegar sólo se dedico a eliminar a todo enemigo que se cruzara en su camino. Con su sangre hirviendo y con su espada en la mano notaba que uno a uno lo enemigos caían bajo el filo de su espada, al fin lograba sentirse realmente vivo...
Al ver que eran superados, los extraños enemigos decidieron retirarse y un pequeño grupo de caballeros comenzó a seguirlos. Esta vez no iré, me quedaré aquí y exigiré ante el rey el título de caballero. Creo que luego de esta noche lo merezco...
"No me mires así, fui hecho para caer, no sientas pena por mi, quizás vivir cueste la vida"
viernes, 6 de noviembre de 2009
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